jueves, 30 de agosto de 2012

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Esta semana se desató una polémica sobre el papelón de nuestro país ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Si bien lo más grave de fue la falta de consenso entre los interlocutores del Estado Peruano, tuvo eco la curiosa petición de un magistrado uruguayo que solicitó la explicación del término caviar. Sonaron grillos en toda la sala por varios segundos.


Al día siguiente, Aldo Mariátegui en una de sus famosas columnas –que algunos en mi Facebook celebraron-  definió el ‘peruanísimo’ término caviar. Y fiel a su directo estilo, mencionó e hizo famosos en el primer párrafo a todos sus ‘trolls’ del twitter.

Pero entonces vino en las redes sociales el contraataque, utilizando el término inventado por Juan Carlos Taffur: DBA (Derecha Bruta y Achorada). Al parecer todo se resume en un fuego contra fuego basado en terminologías que a veces caen en absurdas generalizaciones, por ejemplo: toda la izquierda moderada se fuma un porro de vez en cuando, por eso defienden la legalización de las drogas.


En el curso de lógica del colegio me ensañaron lo que era una falacia ad hóminem: atacar a la persona, más no al argumento. Esto mismo sucede –lamentablemente- en debates que debieran ser alturados, por ejemplo, en un organismo internacional.

No sorprende entonces que al final perdamos los casos ante la CIDH. La única forma de entendernos sería debatiendo ideas y no gastando ingenio e hígado inventando calificativos inútiles. 

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