Esta semana se desató una polémica
sobre el papelón de nuestro país ante la Corte Interamericana de Derechos
Humanos (CIDH). Si bien lo más grave de fue la falta de consenso entre los
interlocutores del Estado Peruano, tuvo eco la curiosa petición de un
magistrado uruguayo que solicitó la explicación del término caviar. Sonaron
grillos en toda la sala por varios segundos.
Al día siguiente, Aldo Mariátegui
en una de sus famosas columnas –que algunos en mi Facebook celebraron- definió el ‘peruanísimo’ término caviar. Y fiel a su directo estilo,
mencionó e hizo famosos en el primer párrafo a todos sus ‘trolls’ del twitter.
Pero entonces vino en las redes sociales
el contraataque, utilizando el término inventado por Juan Carlos Taffur: DBA (Derecha
Bruta y Achorada). Al parecer todo se resume en un fuego contra fuego basado en
terminologías que a veces caen en absurdas generalizaciones, por ejemplo: toda
la izquierda moderada se fuma un porro de vez en cuando, por eso defienden la
legalización de las drogas.
En el curso de lógica del colegio
me ensañaron lo que era una falacia ad hóminem: atacar a la persona, más no al
argumento. Esto mismo sucede –lamentablemente- en debates que debieran ser
alturados, por ejemplo, en un organismo internacional.
No sorprende entonces que al
final perdamos los casos ante la CIDH. La única forma de entendernos sería debatiendo
ideas y no gastando ingenio e hígado inventando calificativos inútiles.

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