El humanismo –si algunos recuerdan sus clases de historia
o literatura del colegio- fue la
doctrina que iluminó la época del Renacimiento. Entre sus
características, figura el antropocentrismo, o consideración que el hombre es
importante, y su inteligencia es el valor superior, al servicio de la fe que le
une con un creador. En otras palabras, la premisa era que el ser humano era el
‘protagonista de la película’, si cabe la comparación.
Menciono esto porque en la
actualidad a muchos siguen pregonando esta filosofía mediante sus acciones. Y
quiero utilizar ese concepto de humanismo para referirme al problemón mediático
desatado por los gatos del parque Kennedy.
Llaman hipócritas a quienes se oponen
a su exterminación porque ellos no los adoptan. Estimado moralista, te apuesto
lo que quieras a que la mayoría de quienes protestan ya tiene al menos un
animal adoptado en casa ¿No creo que sea tu caso verdad?
Dicen que es por el bien de la
comunidad, porque las heces fecales y el orine de los gatos son poco higiénicos.
Estimado humanista fanático de la limpieza, más contamina tu carro y más peligroso
para tu hijo es que lo dejes solo andando por un parque miraflorino. Y
obviamente -estimado protector de la infancia- las ratas son más peligrosas y
sí transfieren enfermedades como la rabia.
Debo recordarte estimado
humanista que si hay una sobre población de gatos no es porque nadie se ocupe
de ellos. Al contrario, existen grupos de veterinarios que los vacunan y
verifican su estado de salud. Si hay invasión de felinos es porque muchos como
tú amigo antropocentrista deciden abandonar a su mascota por mitos absurdos
relacionados a la fertilidad femenina, una mudanza o simplemente mal humor.
El único hipócrita entonces eres
tú estimado humanista, porque la situación la generó tu forma de pensar. Y si
me preguntas por alguna solución, pues creo que puede fomentarse la adopción de
los gatos o transferirlos a otra zona donde requieran eliminar roedores.
Otros dirán que los niños
abandonados merecen mayor compasión. Yo creo que escondes tu estrechez mental o
repulsión a los gatos (o animales) bajo una falacia Ignoratio elenchi (desviar
el tema) ¿Acaso ambos problemas son excluyentes? Muy estúpido y muy ingenioso
se creyó ese caricaturista…cuyo nombre no mencionaré (pero abajo lo pueden leer).
Como si fuera poco, llegan a
decir que es más cruel dejarlos a la intemperie que sacrificar unos cuantos.
Bueno, se ve que no sabes nada sobre gatos, porque ellos en realidad nunca
pudieron ser domesticados por el hombre. Su estado natural es la independencia.
Y si el gato es descuidado por su dueño puede abandonarlo, porque así son:
libres.
Debo cerrar esta publicación
–amigo humanista- confirmando tus sospechas: tengo un gato, su nombre es
Mufasa, mi hermana lo adoptó. Lo esterilizamos, como parte un acuerdo, y luego
de un año se ha robado el corazón de toda la familia, incluso de su hermana
canina (también adoptada) Avril, un par
de años mayor que él.
No me importa si no te gustan los
gatos o lo animales. No se trata de gustos, sino de lógica. Yo no me considero
la última chupada del mango del universo, por eso respeto a los animales y no
me creo superior a ellos. Es más, me suelen caer mejor que muchas personas.
Psdta: No soy vegetariano, y creo
que es fácil explicar que no es lo mismo matar por matar que matar para comer.

Me gusta que te sinceres y pongas tu corazón en lo que escribes, porque eso es parte de la humanidad que muchas veces las personas pierden con las circunstancias de la vida y el paso de los (d)años. Pero debes centrarte más en las soluciones a una divergencia que surge porque siempre habrán puntos discordantes, eso elevará más la calidad de tus argumentos y rebatirá con mayor éxito cualquier punto de vista contrario. Igual, me gustó por lo sincero, pero habría que enfocarlo más en las soluciones y en razones científicas que demuestren el porque contar con los gatos en Kennedy no es perjudicial, anti higiénico y demás cosas. El argumento de las ratas es bueno, pero igual hay que promover la adopción, porque en verdad observo una sobrepoblación de gatos en Kennedy.
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