Hoy leí en el blog de un
periodista que sale en las mañanas en el canal 5 que Ruth Thalía Sayes estaría
viva si no hubiera ido al famoso programa de El Valor de la Verdad. Es muy
fácil hablar en Pluscuamperfecto, en condicional. Bajo esa lógica
yo también puedo argumentar que la chica no hubiera muerto si el día que fue
secuestrada le cogía una fuerte gripe por la mañana.
Es válido cuestionar un programa
de televisión –o a un conductor- por el contenido que propala. Pero es
diferente incriminar de un asesinato. Más aún, cuando los móviles del crimen
apuntan a que no fue por despecho o desamor, sino por codicia.
Nadie podría afirmar con
tranquilidad que el EVDLV es el show más sano que tenemos. Pero no me parecen
mejores los bodrios del mediodía o de las 11pm (especialmente los del mismo
canal que contrató a Beto Ortiz).
Es una bajeza que -para ganar
rating o destruir a la competencia- se
utilice un homicidio. Algunos incluso calificaron como ‘fría’ la actitud de Ortiz
frente al fatal acontecimiento. Supongo que querían verlo llorar rasgándose las
vestiduras.
No estoy defendiendo aquí a nadie,
y no soy asiduo televidente del EVDLV. Pero la recomendación es muy simple: Si
no te gusta un programa o lo consideras antiético, cambia de canal. El público decide al final qué se queda y qué
se va de nuestra patética señal abierta.

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