domingo, 10 de junio de 2012

¿De quién es la culpa?


En la segunda vuelta electoral del año pasado –al igual que muchos peruanos- tuve que escoger entre dos candidatos con los que no tenía afinidad. Al final voté por Ollanta Humala, y aunque lo hice a regañadientes esperaba al menos un gobierno coherente con algunos de los principios señalados en la famosa y manoseada ‘hoja de ruta’.

En este oportunidad no me referiré a la política comercial ni macroecómica, sino el manejo de los conflictos sociales, porque desde que Oscar Valdés asumió el cargo de primer ministro se giró el timón en este tema. Pero no lo responsabilizo totalmente porque se deben tomar cuenta dos hechos:


Primero: Los conflictos se han venido gestando desde hace años. Culpar a los actuales gobernantes es fácil pero si el mensaje de Gregorio Santos tuvo asidero es porque la población no se siente identificada con las mineras.

Segundo: Ollanta era un líder anti-sistema antes de estar en el poder. Si bien su mensaje no se centraba solo en la minería, siempre se mostró en contra del status quo de las relaciones entre las empresas y las comunidades.

Entonces, ¿De quién es la culpa? Yo creo que va más allá de Humala y los actuales líderes sociales. Si hoy el diálogo es complicado es porque no hay confianza, credibilidad, y esto se ha venido forjando desde hace más de una década.

¿La culpa es de las empresas? En parte sí, porque pareciera que sus gerentes no han tenido la capacidad de incorporar dentro de sus grupos de interés a las comunidades. Nadie les pide que regalen todas sus utilidades, pero con diálogo permanente y trabajo social, la historia hubiese sido distinta.

¿La culpa es de los líderes extremistas con Gregorio Santos? En parte sí. Pero solo buscan réditos políticos personales aprovechándose de la población cajamarquina.

¿Tiene la culpa el sistema económico? En parte sí. Pero no lo digo por la libertad de empresa, porque creo en ella, sino por la forma en la que se ha aplicado el proceso de descentralización. El gasto de las regiones es ineficiente y no hay un esquema de rendición de cuentas efectivo, y cada presidente regional termina actuando en conveniencia propia.

¿Tenemos la culpa nosotros los ciudadanos limeños? En parte sí, y justamente en esto quiero detenerme. A partir de los noventas se ha vivido un proceso de despolitización de las universidades. La gente asocia la política con corrupción, estafa y peligro. Todo esto es legado del régimen de esa época, y saben a qué presidente me refiero. Desde entonces cada vez los jóvenes tenemos menos incentivos para participar en algún movimiento o agrupación. No hay espacios públicos para debatir los temas de actualidad.

Con esta actitud no solo les damos la espalda a los peruanos que no sienten la presencia del Estado, sino también a nuestros gobernantes. No sabemos qué prometen por eso tampoco reclamamos con fundamento. Todo es pragmatismo, todo es técnico, pero seguro que nadie se toma la molestia de leer -por ejemplo- los informes que publican los ministerios.

Se ha vuelto a repetir lo de 1992, nos han metido la rata una vez más y todo por no interesarnos en la política. Recuerda que para limpiar el piso tienes que ensuciarte. Por eso, si crees tener buenas ideas involúcrate en algún movimiento. Es la única forma para cambiar poco a poco la triste realidad política del país. 

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